Crónicas australianas [3]

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En mi crónica 2, mis observaciones a pié de calle me llevaron a comentar la necesidad de un cambio global en el tratamiento de quienes somos en el S XXI y cómo pensamos sobrevivir. Ayer, los sucesos de París subrayaban este hecho con la dolorosísima consecuencia de más muertos. Hubo 20 en Francia pero hubo 73 en Yemen. El mismo día. El mismo fanatismo.

facebookEl periódico británico The Economist hace una semana apuntaba a la necesidad de que el Islam se renueve de la manera que Lutero reformó al protestantismo, desde dentro. El papa Francisco parece decidido a hacer una reforma necesarísima del Catolicismo (dos siglos más tarde que los protestantes…pero en busca de igual transparencia). Y el islam necesita encontrar a un líder que se aparte del fanatismo y redirija a sus fieles a una vida de paz y amor por la vida y los semejantes. Amén.

Y con los parones frente a las televisiones públicas que pueblan las plazas de Melbourne, o frente a las pantallas de tiendas que asoman a pié de calle en sus escaparates las noticias de estos días. Nuestro peregrinaje continúa. Pero la primera frase de este párrafo necesita extensión. Es gratificante disfrutar los esfuerzos que hace este país por atender a sus pocos habitantes. Nos hemos sentado en poltronas, sillones mullidos, sillas de plástico, sillones de madera, por cada ciudad. Nos los encontrábamos en plazas, jardines, parques. Estaban situados frente a pantallas gigantes, o menos gigantes y pasaban noticias algunos, otros deportes (es verano y ahora mismo están jugándose los campeonatos de tenis en Brisbane y Perth, la copa de fútbol asiática, el campeonato de criquet y éste fin de semana empieza la vuelta ciclista al sur de Australia…así que hay donde elegir). La gente – es de cualquier edad- y lee periódicos, mira su ipad, habla, estudia o simplemente descansa antes de seguir su camino. Nadie se lleva las sillas. Nadie las destroza. Simplemente al salvaje que algunos llevan dentro, lo tienen controlado. Me pregunto cómo se podría exportar esta cualidad.

Otras dos cosas que nos llaman la atención son que los museos son gratis. Y que se pueden sacar fotos de todo (algunas pequeñas excepciones). Me pregunto si el comentario anterior y este último están relacionados. A más cultura, menos brutalidad. Aquí la cultura es gratis.

A este punto hemos visto ya ocho monumentales museos. Hecho más de dos mil fotos. Visitado cuatro ciudades y seguimos con una gran sonrisa en el corazón. Ayer me apresuré a comentar que Adelaide (la única ciudad del país que lleva nombra de mujer – que era la esposa, alemana ella, de Guillermo de Inglaterra-) se me parecía. ¡Qué va! Nada de nada.

Adelaide es joven, guapísima, coqueta, tirando a clásica, y con una esbeltez estilo Venus de Milo, pero con cabeza. Un hermoso sector está construido al estilo Nueva Orleans, con balcones de hierro floreado y columnas en los soportales. Otro es totalmente chino, de la China (como el de San Francisco), es decir que no te entienden en inglés. Otro alemán. Los luteranos se vinieron aquí huyendo de la persecución religiosa de Alemania y hoy estuvimos en un pueblo en el que salirte del menú de salchichas y cervezas es un atrevimiento. Y …¡qué salchichas! Pero Inglaterra es la reina de los mares y la reina Victoria sigue presidiendo la principalidad.

Los alrededores de Adelaide están plantadísimos de viñedos y mañana domingo, 11 de enero, nos llevan allá de excursión. Es como el Valle de Napa, pero en australiano. Si no aprendo nada, espero al menos hacer alguna buena cata de sus caldos.

Voy a intentar preparar un power point con fotos. Aquí lo difícil está en el envío. El internet no siempre es veloz.

Besos victorianos.